Volante bimasa: qué es, cómo evitar que se rompa y cuánto cuesta cambiarlo
El volante bimasa es uno de los componentes más importantes del coche para que funcione correctamente. Pero ¿qué es y cómo evitar que se rompa? Esa es la cuestión.
Pues no te preocupes porque, desde Talleresclaxon.com, te lo contamos todo.
Arrancar el coche por la mañana, suele ser un acto mecánico al que apenas prestamos atención.
Sin embargo, si últimamente notas que el habitáculo tiembla más de la cuenta al ralentí o escuchas un extraño crujido metálico justo al apagar el motor, es muy probable que tu coche te esté mandando un aviso serio.
Y existe un componente en la mecánica moderna que genera auténtico pánico entre los conductores cuando empieza a fallar.
Su nombre técnico es el volante de inercia de doble masa, aunque popularmente todo el mundo lo conoce simplemente como el temido volante bimasa.
Esta pieza es la gran responsable de que los motores diésel y gasolina actuales se sientan tan suaves, silenciosos y refinados desde el interior de la cabina.
No obstante, cuando llega el momento de sustituirlo, su coste se convierte en una de las facturas más caras a las que se puede enfrentar un propietario de coche.
El problema principal es que, la mayoría de los conductores, no saben realmente qué función cumple esta pieza ni qué hábitos diarios aceleran su destrucción.
Y es que, conducir a muy bajas revoluciones o soltar el pedal de forma brusca puede estar sentenciando de muerte a tu motor sin que te des cuenta.
En Talleres Claxon, atendemos de forma constante a clientes que acuden preocupados por vibraciones misteriosas en el pedal que terminan requiriendo una intervención profunda.
La buena noticia de todo esto es que, si aprendes a escuchar a tu vehículo, puedes evitar que un fallo inicial termine rompiendo la caja de cambios.
Por eso, a lo largo de este extenso artículo, vamos a destripar por completo el funcionamiento del volante bimasa.
Analizaremos qué es exactamente, cuáles son los síntomas inequívocos de que se está rompiendo, cómo puedes modificar tu conducción para protegerlo y cuánto cuesta realmente su sustitución en el mercado actual.
La ingeniería detrás del volante motor bimasa
Para comprender la importancia de este componente, primero debemos viajar al interior del motor.
Y lo primero de todo que debes saber es que, un propulsor de combustión, no entrega su fuerza de manera continua y lineal, sino a base de explosiones sucesivas dentro de los cilindros.
Cada vez que un pistón baja con fuerza, genera un empuje violento que se transmite al cigüeñal.
Por tanto, esto produce constantes tirones y vibraciones cíclicas que, si no se frenaran de algún modo, destruirían la caja de cambios y harían que viajar en el coche fuera insoportable.
No obstante, teniendo en cuenta todo esto, también debes tener presente lo siguiente:
El volante motor convencional frente al bimasa
Durante décadas, los coches utilizaron el llamado volante motor monomasa.
No era más que un disco macizo y pesado de hierro fundido atornillado al extremo del cigüeñal.
Su única misión era acumular energía cinética para ayudar al motor a mantener el giro entre explosión y explosión.
Las vibraciones de los motores antiguos se absorbían mediante unos pequeños muelles situados en el propio disco de embrague.
Sin embargo, con la llegada de los motores diésel de alta presión (Common Rail) y los modernos motores de gasolina de tres cilindros, el par motor se multiplicó.
De allí a que el sistema convencional se quedara corto ante semejante torrente de vibraciones.
Y las marcas de automoción, por tanto, tuvieron que evolucionar el diseño hacia el volante bimasa, trasladando el sistema de amortiguación fuera del disco de embrague y haciéndolo muchísimo más sofisticado.
La misión crítica: Absorber las vibraciones cíclicas
La función principal de un volante bimasa es dividir el peso del volante motor en dos partes diferenciadas.
De este modo, se consigue aislar casi por completo las vibraciones del motor para que no pasen a la transmisión ni al habitáculo.
Y, al filtrar estas oscilaciones, la pieza no solo aporta un confort de marcha excepcional, sino que protege la vida útil de los engranajes de la caja de cambios.
Y es que, sin este amortiguador, los sincronizadores y los piñones de la transmisión sufrirían un desgaste prematuro por fatiga metálica.
Además, al permitir que el motor funcione de manera más estable a bajas revoluciones sin traquetear, ayuda indirectamente a reducir las emisiones contaminantes.
Es un escudo mecánico que trabaja al límite cada segundo que el motor permanece encendido.
Las tripas de la pieza
Físicamente, un volante bimasa se compone de dos masas principales unidas entre sí, pero que pueden rotar de forma independiente la una de la otra hasta cierto ángulo.
Para que lo veas más claro:
- La masa primaria: Está atornillada directamente al cigüeñal del motor y gira solidaria con él, recibiendo toda la violencia de las explosiones de los cilindros.
- La masa secundaria: Está unida a la caja de cambios a través del kit de embrague, encargándose de transmitir el movimiento de forma suave a las ruedas.
- Los muelles helicoidales: Son el verdadero secreto de la pieza. Un juego de muelles de gran tamaño se aloja en el interior, conectando ambas masas. Estos muelles se comprimen y se estiran constantemente para absorber los golpes de torsión.
- Grasa térmica protectora: Todo el mecanismo interno está inundado de una grasa especial de alta densidad diseñada para resistir temperaturas extremas y lubricar el rozamiento de los muelles.
4 Síntomas de un volante bimasa que está en las últimas
Esto tenlo presente: el volante bimasa no se rompe de la noche a la mañana de forma fulminante, sino que va avisando de su degradación de manera progresiva.
Los muelles internos van perdiendo su tensión original, la grasa protectora se evapora debido a las altas temperaturas y las dos masas comienzan a ganar una holgura excesiva.
Aprender a identificar de oído y por el tacto estos síntomas de fatiga te permitirá acudir al taller antes de que la pieza se desintegre por completo.
Un bimasa destruido que se desequilibra de su eje puede llegar a perforar la carcasa de la caja de cambios, multiplicando el coste de la reparación.
Por tanto, cuando un volante bimasa está en las últimas, suele suceder esto:
El «sonido a cacharrería» al ralentí
Este es, sin duda alguna, el síntoma más característico y delator de un volante bimasa defectuoso.
Cuando el coche está arrancado, parado en punto muerto y sin que pises ningún pedal, empezarás a escuchar un traqueteo metálico e irregular procedente de la zona del motor.
El sonido es muy similar al de unas latas o tuercas sueltas agitándose dentro de una caja de metal.
Este ruido se produce porque los muelles internos han cedido tanto que las dos masas metálicas chocan entre sí de forma violenta al no tener retención.
No obstante, existe una prueba infalible para confirmar el diagnóstico: con el coche al ralentí y el ruido sonando, pisa a fondo el pedal del embrague.
Si el traqueteo metálico desaparece o se reduce drásticamente al pisar el pedal, el volante bimasa está completamente dañado.
Temblores exagerados en el habitáculo
Cuando los componentes internos del bimasa se rompen, la pieza pierde su equilibrio dinámico y empieza a girar de forma excéntrica, como una lavadora mal equilibrada durante el centrifugado.
Esto genera unas vibraciones muy intensas que se transmiten por todo el chasis.
Notarás que el salpicadero vibra, el espejo retrovisor interior tiembla distorsionando la imagen y la vibración se te mete en el cuerpo a través del asiento.
Estos temblores se vuelven especialmente violentos en dos momentos críticos: justo al girar la llave para arrancar y al apagar el motor.
Y, al apagar el coche, escucharás un sonoro «clac-clac-clac» acompañado de una sacudida seca que agita todo el capó.
Es el golpe de gracia de las dos masas golpeando sus topes al quedarse sin la presión del giro del motor.
Tirones insoportables al salir en primera
La misión del bimasa es hacer que la transición de potencia entre el motor y las ruedas sea lo más elástica y progresiva posible.
Pero si los muelles internos están partidos o carecen de tensión, esa elasticidad desaparece por completo del sistema de transmisión.
Y claro, al intentar iniciar la marcha desde parado en primera velocidad, notarás que el coche avanza a base de tirones bruscos y violentos, por mucho cuidado que tengas al soltar el pedal del embrague.
Dicho de otra forma: el coche da pequeños saltos hacia delante como si fueras un conductor principiante.
Esta falta de progresividad fatiga de forma extrema los soportes del motor (tacos de motor) y somete a los palieres de las ruedas a un estrés mecánico que terminará por romper sus juntas homocinéticas antes de tiempo.
Pulsaciones extrañas en el pedal de embrague
El pie izquierdo es un excelente receptor de información mecánica.
Cuando el volante de doble masa ha perdido su alineación milimétrica respecto al eje del cigüeñal, esa desviación se traslada directamente a través de todo el varillaje y el sistema hidráulico del embrague.
Al apoyar ligeramente el pie sobre el pedal del embrague sin llegar a pisarlo a fondo, notarás un cosquilleo continuo, una vibración de alta frecuencia o una sensación de rugosidad desagradable.
El pedal parece «rebotar» de forma rítmica contra la suela de tu zapato.
Si notas este tacto rugoso acompañado de una mayor dureza general al cambiar de marcha, el conjunto del embrague y el volante bimasa están operando fuera de sus tolerancias seguras y su vida útil ha llegado a su fin.
Estos son los buenos hábitos que debes tener para alargar la vida del volante bimasa
Aunque el volante bimasa se considera una pieza de desgaste, su duración real depende directamente de las manos del conductor.
No es raro ver coches que destruyen este componente con apenas 80.000 kilómetros, mientras que otros superan los 250.000 kilómetros con la pieza de origen en perfecto estado.
La diferencia radica en los esfuerzos a los que sometemos al sistema de transmisión en el día a día.
Y modificar ligeramente un par de costumbres al volante puede ahorrarte la avería más costosa de tu coche.
Por tanto, estos son los pilares obligatorios para protegerlo:
El peligro de conducir a revoluciones demasiado bajas
Con la llegada de los indicadores de cambio de marcha en el cuadro de mandos, se ha puesto muy de moda la llamada «conducción eficiente».
El sistema te pide que circules en marchas muy largas (cuarta o quinta) a apenas 1.200 revoluciones por minuto para arañar unas décimas de consumo de combustible.
Este hábito es una sentencia de muerte para el volante bimasa.
Porque, a tan bajas revoluciones, los motores de cuatro cilindros (y especialmente los de tres) no giran redondos; generan unos tirones y unas vibraciones masivas.
Toda esa violencia la absorben los muelles internos del bimasa, que trabajan comprimidos al límite de su capacidad para que tú no notes los tirones en el asiento.
Es preferible consumir un cuarto de litro más de combustible y llevar el motor alegre (por encima de las 1.800 – 2.000 rpm según sea diésel o gasolina) que someter a la transmisión a un sobreesfuerzo que fatigue el metal de los muelles hasta partirlos.
La importancia de arrancar y apagar con el embrague pisado
El momento del arranque y del apagado del motor es el instante más crítico para el coche.
Básicamente porque el motor de arranque tiene que vencer la inercia de los pistones congelados, provocando una sacudida inicial muy violenta que impacta directamente contra el eje de la transmisión.
Y claro, si acostumbras a arrancar y apagar el vehículo con el pedal del embrague suelto (en punto muerto), el motor tiene que mover también los engranajes internos de la caja de cambios.
Esto duplica, en pocas palabras, el peso que debe digerir el volante bimasa en el momento de la sacudida.
Por eso, adquirir el hábito de pisar a fondo el embrague antes de girar la llave aísla por completo la caja de cambios del motor.
El motor arranca libre, el esfuerzo para el bimasa se reduce a la mitad y los muelles sufren infinitamente menos.
Abusar del embrague en las salidas (Picado)
Hacer patinar el embrague de forma excesiva al salir de los semáforos, mantener el coche sujeto en una pendiente usando solo los pedales en lugar del freno de mano, o realizar salidas de carreras son prácticas nefastas.
La fricción exagerada genera una temperatura brutal en la zona que se transfiere directamente de la pista de embrague hacia el interior del volante bimasa.
Y, cuando el calor supera ciertos límites, la grasa térmica de alta densidad que lubrica los muelles internos se licúa, pierde sus propiedades y termina por evaporarse o fugarse.
Sin esa grasa protectora, los muelles helicoidales empiezan a rozar directamente contra las paredes de acero de las masas. La fricción destruye el metal en pocos meses, provocando la rotura del mecanismo por sobrecalentamiento.
Las reprogramaciones de motor
Muchos conductores deciden aumentar la potencia de su coche mediante una reprogramación electrónica de la centralita (ECU).
Y, aunque el bloque del motor pueda soportar un incremento de 30 o 40 caballos sin inmutarse, los periféricos rara vez están dimensionados para ello.
El aumento drástico del par motor a bajas revoluciones tras una reprogramación supera con creces el límite de torsión para el que fueron diseñados los muelles del volante bimasa original.
El sistema colapsa por fatiga extrema en apenas unos miles de kilómetros tras la modificación.
Así que, si potencias el coche, debes asumir que tendrás que instalar un conjunto de embrague y bimasa reforzado de competición.
El precio de sustituir el volante bimasa y el kit de embrague
Llegamos al apartado que ningún conductor quiere leer, pero que es necesario afrontar con total transparencia para que no vengan sustos de última hora.
Y es que, cuando los síntomas de fatiga son insostenibles, la única solución pasa por sustituir la pieza.
Es una de las reparaciones más temidas en la mecánica general debido al coste acumulado de los componentes y las horas de mano de obra necesarias.
¿Por qué es tan cara la pieza?
A diferencia de un volante motor clásico, que era una simple plancha de hierro eterno, el volante bimasa es un componente de precisión que cuenta con tecnología de amortiguación hidráulica y mecánica en su interior.
Los muelles helicoidales, los patines de guiado, los cojinetes de fricción y la grasa de alta tecnología encarecen notablemente sus costes de fabricación.
Por tanto, por sí sola, la pieza original de un fabricante de primer nivel (como LUK, Sachs o Valeo) raramente baja de los 350 o 500 euros para un vehículo utilitario común, pudiendo superar fácilmente los 800 o 1.000 euros si hablamos de berlinas premium, vehículos con tracción a las cuatro ruedas o SUVs de gran tonelaje.
La regla de oro: Cambiar siempre el kit de embrague a la vez
Una de las preguntas más frecuentes que nos hacen en Talleres Claxon es: «¿Puedo cambiar solo el volante bimasa y dejar mi embrague actual para ahorrar?».
Y la respuesta técnica es un «no» rotundo, porque no tiene ningún sentido lógico desde el punto de vista económico ni mecánico.
Básicamente porque, para acceder al volante bimasa, es obligatorio desmontar por completo el embrague, ya que este va acoplado encima.
Y, si dejas el disco de embrague viejo (que ya ha sufrido el desgaste y las vibraciones del bimasa roto), lo más probable es que falle a los pocos meses.
Así que tendrías que volver a pagar toda la mano de obra para desmontar el coche de nuevo.
Por ello, los fabricantes venden los denominados «Kits de cuatro piezas», que incluyen el volante bimasa, el disco de embrague, la maza de presión y el cojinete hidráulico de empuje.
De esta manera, cambiar todo el conjunto bloquea cualquier fallo futuro y estrena el sistema por completo.
El coste de la mano de obra
El verdadero grueso de la factura en muchos casos no es el recambio, sino el tiempo que el mecánico debe invertir en tu coche.
Y claro, debes saber que el conjunto de embrague y transmisión se encuentra escondido bajo el bloque motor, en una zona de muy difícil acceso.
Para sustituirlo, el profesional tiene que elevar el vehículo, desmontar las ruedas delanteras, extraer las transmisiones (palieres), descolgar la cuna del motor en muchos casos, desconectar todo el varillaje de la palanca de cambios y, finalmente, retirar por completo la caja de cambios (un elemento que pesa entre 40 y 60 kilos).
Es una operación puramente estructural que requiere entre 4 y 7 horas de trabajo minucioso según la arquitectura del vehículo.
Y multiplicando esas horas por el precio medio de la mano de obra, el coste del trabajo técnico suele suponer una parte muy importante del total de la factura.
Horquilla de precios en el mercado real
El presupuesto definitivo varía notablemente según la marca, el modelo y la motorización de tu coche.
Sin embargo, a modo de orientación general en el mercado actual, los costes suelen moverse en los siguientes márgenes:
- Utilitarios y compactos urbanos (motores pequeños): El cambio conjunto de embrague y bimasa suele oscilar entre los 850 € y los 1.200 €.
- Berlinas medias y monovolúmenes familiares: La complejidad mecánica sitúa la factura entre los 200 € y los 1.600 €.
- SUVs modernos, vehículos 4×4 y berlinas premium: Debido al tamaño de las transmisiones y el coste de las piezas reforzadas, la reparación puede escalar sin problemas entre los 600 € y los 2.200 €.
Confía el cambio de embrague y bimasa a los profesionales de Talleres Claxon
Como puedes ver, estirar la vida de un volante bimasa que ya da tirones o suena a cascabel, es jugar a la ruleta rusa con la mecánica de tu coche.
Si los muelles internos llegan a partirse del todo circulando a alta velocidad, los fragmentos metálicos pueden salir despedidos, destrozando la campana de la caja de cambios o bloqueando la transmisión de golpe, provocando una situación de alto riesgo.
Ante la menor sospecha de vibraciones extrañas en tu pedal o ruidos al apagar el motor, la prevención es tu mejor aliada.
Por eso te invitamos a pedir cita en Talleresclaxon.com.
Nuestro equipo de profesionales evaluará el estado real de tu transmisión y te ofrecerá un presupuesto cerrado y transparente utilizando siempre recambios de máxima calidad OEM para que vuelvas a disfrutar de la suavidad original de tu vehículo sin sorpresas en la factura.
¿Conocías la importancia del volante bimasa?


