Conducir con el depósito en reserva: consecuencias que casi nadie explica
Te vamos a contar las consecuencias de conducir con el depósito en reserva para que, la próxima vez, lo evites a toda costa.
Estamos seguros que, a casi todos los conductores, nos ha pasado esto alguna vez.
Vas circulando tranquilamente por la carretera, estás a punto de llegar a tu destino y, de repente, se enciende ese temido testigo naranja en el cuadro de mandos.
En ese preciso momento, es muy tentador echar cuentas mentales rápido y pensar que todavía te quedan bastantes kilómetros de margen antes de parar.
Y decides estirar el viaje un poco más porque te conoces el coche al milímetro y crees que no pasa nada.
Sin embargo, retrasar el momento de ir a la gasolinera oculta una serie de peligros mecánicos silenciosos que van mucho más allá de quedarte tirado en la carretera.
Es un hábito que daña componentes muy caros del motor sin que te des cuenta.
Nio obstante, existe la falsa creencia de que la reserva es simplemente una zona de seguridad para emergencias y que, usarla, no afecta para nada al funcionamiento del coche.
Pero la realidad es otra.
Y es que, en Talleres Claxon, vemos siempre coches que llegan en grúa al taller con averías graves que se habrían evitado por completo manteniendo el tanque con un nivel óptimo.
Al final, ese supuesto ahorro de estirar el combustible, se transforma en facturas elevadas que se tienen que pagar.
Por eso, a lo largo de este post,, te vamos a explicar al detalle qué ocurre realmente dentro de tu coche cuando decides ignorar el aviso de combustible.
Y veremos qué pasa con la suciedad acumulada, la fatiga de la bomba y cómo se ven afectados los inyectores.
Dicho esto, toma buena nota, porque entender cómo funciona el sistema de alimentación de tu vehículo te va a ahorrar mucho dinero y disgustos en la carretera.
Asi que empecemos analizando lo que se esconde en el fondo de tu tanque.
¿Por qué conducir con el depósito en reserva puede tener consecuencias graves?
Apurar el combustible hasta el límite, no es una acción inofensiva que solo pone a prueba tu paciencia o tu suerte en la carretera.
Más bien, cada vez que decides circular con el testigo naranja encendido, estás sometiendo a la mecánica a un esfuerzo para el que no está diseñada.
Básicamente porque el sistema de alimentación de un vehículo actual, es una obra de ingeniería de alta precisión que necesita un flujo constante y limpio de carburante.
Y cuando alteras ese flujo bajando el nivel del tanque al mínimo, se desencadenan problemas internos que dañan el motor de forma progresiva.
Aunque la mayoría de los conductores piensan que el único riesgo real es calcular mal la distancia y tener que llamar a la grúa en mitad del trayecto.
Sin embargo, los verdaderos problemas se cocinan de forma invisible dentro del propio tanque de combustible, como por ejemplo estos:
El pozo de suciedad en el fondo del tanque
El diésel y la gasolina que repostamos en las estaciones de servicio son combustibles muy refinados, pero que no son 100% puros.
Y, con el paso de los años y los miles de litros que pasan por el depósito, se van acumulando inevitables impurezas químicos y partículas sólidas.
Estos residuos, que pesan más que el propio combustible, se terminan depositando en el fondo del tanque, creando una especie de lodo o pozo de suciedad.
Eso significa que, mientras el depósito se mantiene lleno o a la mitad, esa porquería se queda abajo y no interfiere en la mecánica.
El problema llega cuando decides apurar el tanque al máximo, reduciendo el espacio disponible de líquido limpio.
Al quedar muy poco combustible, ese pozo de suciedad se revuelve y se mezcla por completo con el líquido restante, quedando listo para ser aspirado.
La succión de impurezas al motor
La bomba de combustible trabaja de forma constante, succionando el carburante desde la parte inferior del tanque para enviarlo directamente hacia el vano motor.
Si el nivel es muy bajo, la bomba no tiene más remedio que tragar toda esa mezcla de combustible y lodo concentrado.
Y esta succión forzada introduce de golpe una cantidad de partículas metálicas, agua condensada y sedimentos para la que el sistema no está preparado.
Por tanto, toda esa porquería empieza a viajar a alta presión por los conductos internos de la alimentación de tu vehículo.
Y hacer pasar este torrente de suciedad por el circuito de forma habitual, se puede transformar en una lija para los componentes mecánicos.
Entre otras cosas porque, las piezas internas, sufren un desgaste abrasivo prematuro que altera por completo los flujos correctos de combustible.
Filtros de combustible saturados antes de tiempo
El filtro de combustible es la barrera física encargada de retener las impurezas para que no lleguen a la delicada zona de los cilindros.
Y cuando conduces en reserva, este componente se ve obligado a realizar un sobreesfuerzo brutal reteniendo una cantidad ingente de sedimentos.
Como consecuencia directa, los poros del papel filtrante se colmatan y se saturan muchísimo antes de lo previsto por el fabricante.
Debes tener presente a partir de ahora es que, un filtro obstruido, frena el paso del combustible, provocando que el motor no reciba el caudal necesario cuando pisas el acelerador.
En Talleresclaxon.com comprobamos a menudo cómo filtros que deberían durar 60.000 kilómetros, están completamente inservibles a la mitad de su vida útil, cuando podrían habe durado más.
Por eso, cambiar el filtro a menudo es un gasto extra que anula por completo el supuesto ahorro de retrasar el repostaje.
Componentes del motor que sufren en reserva
Si la suciedad supera la barrera del filtro de combustible, el daño se traslada directamente al corazón del motor.
Y, por tanto, los sistemas de inyección modernos trabajan a presiones altísimas, por lo que cualquier mínima impureza o falta de flujo causa un desastre en cadena.
Así que, los componentes del motor que sufren por conducir con el depósito en reserva, son los siguientes:
Inyectores obstruidos y tirones al circular
Los inyectores tienen unos orificios microscópicos por donde pulverizan el combustible dentro de los cilindros.
Y cuando las micropartículas del fondo del depósito llegan hasta ellos, los taponan parcial o totalmente.
Esto provoca que el coche empiece a dar tirones molestos, pierda potencia de golpe y aumente el consumo de forma alarmante.
Así que reparar o limpiar inyectores, es una tarea delicada que encarece mucho la mano de obra.
Combustión deficiente por falta de presión
Al succionar aire por culpa del bajo nivel, la presión del circuito cae en picado y la mezcla con el aire se vuelve inestable.
Por tanto, el motor empieza a fallar, ratea al ralentí y la centralita encenderá el testigo de avería en el cuadro.
Daños graves en el catalizador del escape
Las falsas explosiones provocadas por las burbujas de aire, hacen que llegue combustible sin quemar directamente al sistema de escape.
Y ese líquido sobrante, por tanto, se pueda transformar en un exceso de calor que termina por derretir el catalizador: una pieza que, por cierto, supera fácilmente los 800 euros en el taller.
Sin embargo, conducir con el depósito en reserva te puede dar otros problemas no menos importantes.
Las multas de la DGT por quedarte sin combustible
Un error muy común es pensar que la Dirección General de Tráfico (DGT) te puede multar directamente por el hecho de circular con la luz de la reserva encendida.
Pero la realidad es que no existe ninguna norma en el Código de Tráfico que prohíba exprimir el tanque al máximo.
Sin embargo, el verdadero problema no es ese, sino otro.
El problema legal llega cuando calculas mal los kilómetros, el coche se apaga y te quedas tirado en mitad de la calzada o en el arcén.
En esa situación, la ley te castigará con dureza por los peligros que generas para el resto de los conductores.
Y es que detener el vehículo en un lugar indebido por negligencia o empujar el coche por la vía, se puede transformar en una multa de 200 euros.
Además, si pretendes rellenar el tanque con una garrafa que no esté homologada, la sanción puede ascender hasta los 3.000 euros.
Ojo con esto porque, como puedes ver, tiene su peso en oro.
Así que, como puedes ver, apurar el depósito hasta el límite no te hace ahorrar dinero; simplemente estás retrasando un gasto inevitable a cambio de arriesgar la salud de tu motor.
Y romper el hábito de bajar del cuarto de tanque es, sin duda, el mantenimiento preventivo más barato del mundo.
Si notas que tu coche ya da tirones, ha perdido fuerza o sospechas que el filtro está saturado de suciedad, lo mejor es actuar antes de que sea tarde.
Te invitamos a pedir cita en nuestro taller para que nuestros mecánicos limpien el circuito y dejen tu sistema de alimentación como nuevo.
¿Qué otros consecuencias crees que pueden haber por conducir con el depósito en reserva?


